En las sombras de su isla privada Little St. James (apodada “Isla Epstein”) y viajes en su jet Boeing 727 conocido como “Lolita Express”, Jeffrey Epstein —financista convicto en 2008 por delitos sexuales con menores y acusado póstumamente de una vasta red de tráfico— tejió durante décadas una compleja red de abuso sexual que explotaba a decenas de niñas vulnerables, muchas menores de edad.

El esquema, facilitado principalmente por Ghislaine Maxwell (condenada en 2021 a 20 años por tráfico de menores), involucraba reclutamiento de adolescentes con promesas de dinero por “masajes” en sus mansiones de Palm Beach y Nueva York, que escalaban a abusos sexuales.
Epstein cultivó relaciones con figuras poderosas —presidentes como Bill Clinton (docenas de vuelos en el jet) y Donald Trump (amigos sociales en los 90s-2000s), el príncipe Andrew (acusado y resuelto civilmente), y magnates como Bill Gates o Les Wexner— mediante fiestas y invitaciones exclusivas.
Estas conexiones, reveladas en logs de vuelos, fotos y documentos desclasificados hasta 2025-2026, generaron sospechas, pero la mayoría niega conocimiento o participación en los crímenes (solo Maxwell fue condenada como cómplice). Epstein murió en 2019 por suicidio oficial, dejando un legado de trauma para más de 40 víctimas identificadas.
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